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viernes, 1 de marzo de 2013

NO TE RINDAS


NO TE RINDAS NUNCA
Una vez más, la joven maestra leyó la nota adjunta a la hermosa planta de hiedra.
“Gracias a las semillas que usted plantó, algún día seremos como esta hermosa planta. Le agradecemos todo lo que ha hecho por nosotras. Gracias por invertir tiempo en nuestras vidas”. Una amplia sonrisa iluminó el rostro de la maestra, mientras por sus mejillas corrían lágrimas de agradecimiento. Las chicas quienes les habían dado clase, se acordaban de agradecer a su maestra. La planta de hiedra representaba un regalo de amor.


Durante meses la maestra regó fielmente la planta en crecimiento. Cada vez que la miraba, recordaba a esas adolescentes especiales y eso la animaba a seguir enseñando.
Pero al cabo de un año, algo sucedió. Las hojas empezaron a ponerse amarillas y a caerse todas, menos una.  Pensó en deshacerse de la hiedra, pero decidió seguir regándola y fertilizándola. Un día, al pasar por la cocina, la maestra vio que la planta tenía un brote nuevo. Unos días después, apareció otra hoja, y luego otra más. En pocos meses, la hiedra estaba otra vez convirtiéndose en una hermosa planta.
Hay pocas alegrías más grandes que la bendición de invertir fielmente  amor y tiempo en las vidas de otras personas.  ¡Nunca, nunca te des por vencido con esas plantas!
“No pienses que no pasa nada, simplemente, porque no ves tú crecimiento, o no escuchas el sonido de los motores. Las grandes cosas crecen silenciosamente.
Henry Drummond       

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